El diagnóstico de nuestro hijo
Recibir un diagnóstico que amenaza potencialmente la vida del propio hijo es, probablemente, una de las situaciones más difÃciles que un padre puede afrontar. Es normal que piense que se trata de un error y que no puede ser real que su hijo tenga cáncer. Las emociones que viven los padres y el resto de la familia pueden ser muy fuertes y es frecuente que se mezclen el miedo, la rabia y la incertidumbre en relación al futuro.
¿Por qué a nuestro hijo?, ¿por qué ahora?, ¿por qué a nuestra familia?… son preguntas que, con frecuencia, tanto los afectados como los familiares suelen repetirse de forma insistente.
Esta sensación de profunda angustia y opresión en el pecho, puede que esté acompañada por un sentimiento de soledad y que, a pesar de contar con el apoyo de familiares y de amigos, sea difÃcil recibir consuelo. En estas situaciones puede ser útil contactar con asociaciones de pacientes para poder hablar con padres que hayan pasado por la misma situación que está viviendo ahora.
La vida familiar cambiará en modo acentuado. Durante el primer perÃodo después del diagnóstico hay poco tiempo para reflexionar acerca de lo que está sucediendo, enseguida se han de comenzar los tratamientos y, con ello, una serie de cambios en la organización familiar.